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Lazarillo y el ciego

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En la España del siglo XVI, un joven Lázaro aprende de su primer amo, el ciego, que deberá convertirse en un pícaro si quiere sobrevivir. Episodio tras episodio, va perfeccionando las argucias para engañar a su amo. Aquí lo podréis comprobar.

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Martes, 12 de febrero de 2008

Lazarillo y el ciego

A partir de la webquest Lazarillo y el ciego los alumnos de 3r de ESO del IES Can Puig, de Sant Pere de Ribes (Barcelona) crearon el curso 2005-06 estos nuevos episodios. Disfrutad de su lectura.

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

La cena

Acabava de recibir una calabazada, con el toro. Nos dirigimos a hospedarnos en el convento de san esteban, esa tarde llovía a cantaros y por lo tanto todo estaba inundado. Teníamos que pasar pos un riachuelo, por lo tanto yo pase primero y le fui guiando para que pudiera pasar por encima delas cuatro piedras que había por allí. Pero para devolver-le todos los golpes y las piedras que me había dado, le quite las piedras y se tropezó, así que se mojo entero, de arriba abajo. Al llegar al convento, nos recibieron las monjas que lo habitaban y que eran muy amables con los huéspedes. Nos ubicaron en una habitación que tenia una ventana desde la que se podía divisar el Palacio de Monterrey. Las monjas nos recomendaron ir a cenar al mesón cercano al palacio, que era uno delos sitios donde mejor se comía. El viejo y yo fuimos a ver si podíamos cenar, pero el dinero solo llegaba para uno y el viejo decidió ir solo, para que el viejo estuviera seguro de que yo no iba a intentar entra me dejo encerrado en la habitación. Cuando el viejo se fue a cenar nos e acordó de que se dejaba el fardel, el viejo tenia tanta hambre que tardo mas de tres horas. Yo aproveche esa oportunidad de oro primero se me comí toda la comida que había y cogí intente escapar de esa habitación oscura y sucia del claustro, intente muchas cosas intente tirar la puerta abajo, salir por la ventana etc... pero no conseguí nada durante mucho rato, faltaba muy poco tiempo para que el viejo volviera y fue cuando me desespere e intente con todas mis fuerzas tirar la puerta abajo y de la fuerza con la que lo intente, me di un golpe muy fuerte y me caí al suelo encima de una alfombra, me di cuenta que debajo de la alfombra había otra llave, sin pensarlo dos veces cogí la llave y abrí la puerta rápidamente, empecé a correr y cuando salí del claustro recibí un fuerte golpe en la cabeza, y perdí el conocimiento. Al cabo de un rato me desperté, estaba otra vez en esa habitación sucia y oscura del claustro. Empecé a escuchar unos pasos muy fuertes, me acerque a abrir la puerta y era ese viejo asqueroso, ese fuerte golpe fue el viejo que me empezó a apedrear para que no escapase. Me cogió todo el dinero, entro en la habitación y me pego tal paliza, por haberme comido toda la comida, que al día siguiente no podía moverme, esa paliza me dejo claro que otro día cuando escapara miraría antes de salir y no saldría a la desesperada.

IES CAN PUIG
Xavi García Y Maria García

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

LAZARILLO Y EL MERCADO

Un día el ciego y Lazarillo fueron a la casa de las Conchas a pedir limosna. Mientras el ciego rezaba y la gente le tiraba monedas yo, en un movimiento rápido y audaz cogía las blancas sin que el se diese cuenta. Pero el muy astuto, al llegar a la catedral me registró.
Y me encontró 15 blancas y al irse a casa y me dijo que me dejaría una semana si comer.
Al día siguiente el ciego y yo fuimos al mercado y me mando comprar algo de comida. Mientras el ciego no se daba cuenta yo me comía un poco de la comida que compraba, pero al llegar a casa el ciego se dio cuenta de que faltaba la mitad de la comida y me dijo:

-¿lazarillo donde esta la mitad de la comida?- me dijo enfadado.

-¡no lo se! ¡a mi me lo han dado así!- dije yo.

Pero el ciego, como no es tonto y además siempre va a comprar la comida en el mismo sitio y le daban la comida toda entera, sabia que había sido yo. Y el ciego cogió un bastón y me empezó a dar golpes en la barriga sin parar asta que vomité la comida.

IES Can Puig
Luis Cantalapiedra

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

La avaricia rompe el saco (de las manzanas)

Estábamos en frente de la fachada de la clerecía mi amo y yo sentados esperando los primeros rayos de sol de la mañana, cuando de repente, como si un mosquito le picara en su gran narizota, se levantó enérgicamente, mientras chismorreaba algo que me costó entender. Poco después de su penosa explicación averigüé que quería dar un paseo y así fue.
Nada más decirlo le acompañé a dar un pequeño paseo por los alrededores de la catedral vieja. Mientras caminaba, intentaba pensar cómo vengarme una vez más de mi amo, ya que esa noche me la había vuelto a jugar, no dejándome un trozo de manta vieja y maloliente llena de agujeros, como si alguien se hubiera parado a hacerlos, dejándome a mí recostado en el árbol lo más acurrucado posible para resguardarme del viento, que atizaba fuerte las hojas del maldito castaño.
Pues me las tenia que apañar para fastidiarle. Finalmente, mi amo, cansado de andar, me propuso sentarnos. Entonces lo llevé debajo de un manzano resguardándonos del ardiente sol de mediodia que nos atizaba con sus rayos en el cogote dejándonos medio alelados.
Estábamos cansados y los dos nos estiramos para poder dar una cabezadita. A punto de dormirme miré arriba y vi un montón de manzanas rojas relucientes que pedían ser comidas. Miré al ciego y vi que estaba en un estado de sueño profundo dándome a mí la oportunidad de trepar por las ramas en busca de las manzanas. Ya llevaba cuatro entre mis manos y (como dice el refrán la avaricia rompe el saco) al intentar coger otra más perdí el equilibrio cayéndome encima del ciego con las manzanas, despertándolo quien, como era de esperar, se levantó con un genio de mil demonios y acabó golpeándome como siempre hace en estas situaciones en las que me veo envuelto.


IES CAN PUIG
MARTA Y IRINA

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

LA BOLSA Y EL RIO

Todo empezó en la iglesia de San Martín un día como otro cualquiera en el que yo le cambiaba las blancas, por medias blancas. Ese día el ciego había ganado mucho dinero y de esa manera yo también.

Al llegar el atardecer nos dirigimos hacia el puente romano y por el camino el malvado ciego me dijo con tono de burla:

- ¡Esta noche cenaré muy bien, he ganado mucho!

Que hijo de puta es este ciego, pensé yo. Porque sabía que a mí no me daría más que sobras raquíticas.

Cuando llegamos al puente romano, pasando por delante del toro, el ciego se tropezó y se le cayó la bolsa donde guardaba todas sus blancas al río, maldijo a toda mi familia por no haberle avisado de que había baches en el camino. Esta vez no lo había hecho a propósito, ya que si el ciego se quedaba sin blancas yo no comía nada.
El ciego me dijo:

-Lázaro, tírate al agua a por las blancas y te daré un cuarto de mi cena, pero sino las recuperas no comerás hasta que yo lo decida.

Yo desesperado me tiré al agua en busca de las blancas, pero lo que yo no sabía era que el ciego había tirado a propósito la bolsa de las blancas, estuve un buen rato buscando la bolsa, hasta que la encontré, pero vacía, creí que las blancas se habían salido de la bolsa y, temiendo a las amenazas del ciego cogí mis blancas previamente robadas y las introduje en la bolsa. Así que salí del agua diciendo que las había encontrado. Se las entregué y al segundo me dio tal garrotazo que me dejó atontado y entre risas me dijo:

-Tonto, la bolsa que tiré no tenía más que piedras, lo hice para que me entregaras las blancas que me habías robado en la iglesia, tienes mucho que aprender Lázaro y te pasarás una semana sin comer.



Nicolas Olivera Marino
Jordi Ayala Poveda
Albert Moliner Romera

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (4) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

Lazarillo Pan y Vino

Ya había caído la tarde, la noche estaba muy fría me acuerdo que ese día no me había ido muy bien.
Estaba hambriento y con frió, el ciego no me había dado como siempre, esa noche pasamos por la catedral vieja y no quedamos a dormir detrás de ella.
El ciego cabrón se había comprado un buen trozo de pan con una buena cantidad de vino. Yo me moría por probar el pan pero el desgraciado no me invito nada de nada, comió un pedazo de pan y se acabo todo el luego guardo el pan en su bolsa vieja que no dude en asaltar, pero primero espere que se durmiera.
Me acabe todo el pan de un bocado. Satisfecho me puse a descansar porque mañana seria un largo día.
Al día siguiente desperté con los gritos del ciego:
- Lázaro, Lázaro, despierta tu eres el que se ha robado mi pan.
Esa vez no la olvidare, por que me dio una paliza muy grande. Ese día no me moví para nada por el dolor que sentía.
Cada paliza aumentaba mi odio por el y mis ganad de dejarlo y no verlo nunca mas.


IES Can Puig.

Angel David Peña y Brayan Molina

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

Las dos palizas

Tras la burla del nabo, fui mas cuidadoso a la hora de coger-le la comida al viejo. Pero una vez, la garganta pudo mas que mi ingenio.
Ese día, estábamos en frente de la Casa de las Conchas, pidiendo limosna, como muchas otras veces. Estuvimos muchas horas ahí, y yo estaba mas sediento que nunca, por suerte, el también se canso y me mando por vino a la taberna mas cercana que encontrase, me dio un maradeví y me fui.
No me costo mucho tiempo encontrar una taberna. Entré, llene mi jarra de vino y me fui de vuelta a la Casa de las Conchas. Al salir de la taberna, me senté a reposar las piernas y como no había ninguna fuente cercana, no pude resistir la tentación y me bebí toda la jarra de un solo trago, tenia un sabor riquísimo. Pero me acordé del viejo. El estaba esperando el vino que yo me acababa de beber y empecé a pensar en la paliza que me daría cuando me viera con la jarra vacía, y me fui andando, sin rumbo fijo. Cuando iba por la calle de la Universidad vi a un par de frailes entrar en un callejón entonces se me ocurrió una idea. Si me colaba en la iglesia podría coger algo de vino para el viejo, así que los seguí.
Pasaron unos minutos, hasta llegar detrás de la gran iglesia de San Esteban, ellos entraron por una puerta trasera, y yo escurridizo, detrás de ellos. No paso mucho hasta que encontré la sacristía, donde estaba el vino. Entré y llené mi jarra, procure ser silencioso, pero al salir de la habitación, tuve la mala suerte de encontrarme con uno de los frailes de antes, me dio tal paliza que aún cuando pienso en ella me duele el cuerpo. Regrese al sitio estaba esperándome el viejo. Al llegar, vi que estaba bastante enfadado.
-¿Dónde demonios has estado?- me preguntó.
-He ido como vos me mandasteis, en busca de vino, pero de camino, me tope con unos hombres en un callejón, que me robaron la jarra y me dieron una paliza-.
El viejo, puso sus manos sobre mi cara para examinar las heridas y para ver su gravedad. Pero de repente empezó a apretar-me la cabeza, y cuando creía que iba a estallar, me soltó y caí al suelo.
-Mientes- dijo- desde la taberna más cercana hasta aquí no hay callejón alguno, y una de las heridas de tu rostro, a sido provocada por un latigazo de un tipo de cuerda que solo confeccionan los monjes de la iglesia de San Esteban. Para que un sirviente de Dios de tal paliza, hay que darle una buena razón-.
Acto seguido, me dio un par de patadas en la barriga y me quedé lamentándome en el suelo. Como puede ver Vuestra Merced, la astucia y el conocimiento del ciego no tenía limites, y por eso, en esta desdicha recibí dos palizas

IES CAN PUIG
CLAUDIA FIGUERAS NOY
PAU GARCIA I FORMATGER

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

Un paseo por el pueblo

El ciego y yo fuimos a la iglesia de Santiago para rezar unas oraciones. Al entrar había una monja que nos preguntó si queríamos pasar la noche como huéspedes allí. El ciego le contestó que sí, y nos quedamos.
Por la noche, mientras estábamos cenando, yo que estaba harto del ciego, le puse unas hierbas para dormir y enseguida le hicieron efecto. Cuando ya estaba plácidamente dormido, le robé el vino. Al día siguiente, cuando el ciego se despertó, fue a buscar el vino y vió que no quedaba. Me despertó para saber si me lo había bebido. Yo dije que no, pero el ciego no me creyó y me pegó una paliza. Las monjas que lo vieron nos separaron. Entonces echaron al ciego, yo que tenía que ir con él, me fui. Las monjas antes de irme me llenaron los bolsillos con comida y yo no le dije nada al ciego.
Paseando por el puente romano me subí en el borde del puente y el ciego sin querer me tiró al río Tormes. Yo que no sabía nadar me estaba ahogando. Entonces me puse a chillar y un hombre que pasaba por allí me rescato. El ciego se acercó y me preguntó:
-¿Estás bien?
Y le dije:
-Sí, estoy bien.
El ciego pareció preocuparse por mí y me dió comida como disculpa por haverme tirando. Yo decidí quedarme con él porque no quería quedarme solo.

IES CAN PUIG
Inma Pérez y Judith Rodríguez

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Lunes, 06 de marzo de 2006

EL MALENTENDIDO CON EL VINO

Después del incidente con el vino, éste me volvió a jugar otra mala pasada. Salíamos de la Catedral Vieja de rezar, y gracias a eso habíamos ganado unas cuantas blancas y maravedíes.
Como a mi amo, de tanto rezar, le había entrado la sed, y digo mi amo, porque a mí ni me preguntaba, nos dirigimos a una taberna.
Nos sentamos, y mi amo me dio un maravedí para que le fuera a buscar el vino. En esta ocasión, y Vuestra Merced no se lo va a creer, no pensaba hacer nada malo, porque sabía que las consecuencias serían graves. Sólo le di un par de tragos. Pero al acercarme a la mesa en la que estaba el viejo, la jarra del vino se me resbaló de las manos y el vino se derramó por el suelo. Lentamente, fui llegando a la mesa. Al oírme, el ciego levantó las manos para coger la jarra y al agarrarla notó que estaba vacía. Intenté darle una explicación, excusándome, pero fue en vano. La paliza que recibí en ese momento no se puede contar con palabras.


I.E.S CAN PUIG
MIREIA BUTÍ
LAURA CALLAO

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Lunes, 06 de marzo de 2006

El robo de la Universidad

Aún me dolía la cabeza de la calabazada contra el toro, pero el ciego no quería descansar, sino que quería recaudar más dinero.
Entonces nos dirigimos hasta la catedral vieja, donde nos quedamos dos días, pero sin fortuna.
Al tercer día el ciego día decidió que tocaba ir a otro sitio. Se preguntó a sí mismo si estaba lejos la Universidad. Y se respondió que estaba lejos pero fuimos allí. Por el camino, el ciego estaba jugando con una blanca, cuando de repente tuve una idea, la mejor ocasión de vengarme por la calabazada del toro; puse mi pierna entre la suyas y cayó de boca, y claro, al caerse la moneda también lo hizo. antes de que el viejo se diera cuenta, cogí la moneda y le ayudé a levantarse. El ciego preguntó por su moneda y yo le dije que no sabía dónde estaba. Una vez en la Universidad, nos sentamos en las escaleras principales que tenían una decoración muy bonita. Ya llevábamos unas cuantas horas pidiendo con la gorra y teníamos unas cuantas monedas, cuando el ciego se despistó un segundo, un hombre barbudo cogió la gorra y se fue corriendo. El ciego saltó lo más alto que había saltado en veinte años y me gritó:
- ¡Otra vez, antes ya lo dejé pasar, robándome la moneda y mintiéndome, pero esta vez te vas a arrepentir!
Me cogió por el cuello y me empezó a estrangular. Cuando me soltó me quede tirado en la escalera casi sin respirar. Sea como sea siempre salgo perdiendo.

James Lewis-Taylor
Julio España
IES can Puig

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Lunes, 20 de febrero de 2006

La discusión por las cebollas

Una vez el ciego y yo estábamos pasando la tarde en el puente romano, discutiendo sobre cómo repartirnos unas cebollas que nos había dado una señora después de unos rezos.
Entonces el ciego me dijo:
-Cogeremos una cebolla una vez cada uno, primero tú y después yo.
Y yo le dije:
-Está bien.
-Ninguno de los dos hará trampas esta vez.
Pero comoyo tenía tanta hambre, empecé a comer más deprisa que él para poder comer más cebollas. Al cabo del rato el ciego se había dado cuenta de que quedaban menos de lo normal .Y me dijo:
-Lazarillo, ¿Por qué te has comido más de la cuenta? -
Y yo le contesté:
-¡Yo no tengo la culpa de que vos hayáis ido más despacio que yo!
Entonces el ciego me respondió con un coscorrón el la cabella, y me empezó a maltratar como a un burro, de lo enfadado que estaba, porque yo le había defraudado. Hasta que al final me quedé con el cuerpo lleno de heridas y sangre de los golpes que me había hecho.

Eva Gómez y Rossana Zabala
IES CAN PUIG








Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Martes, 14 de febrero de 2006

Lazarillo y el ciego

En la España del siglo XVI, un joven Lázaro aprende de su primer amo, el ciego, que deberá convertirse en un pícaro si quiere sobrevivir. Episodio tras episodio, va perfeccionando las argucias para engañar a su amo. Aquí podréis añadir algunos episodios más, fruto de vuestra propia imaginación.



Por: Carmen Durán | General | Comentarios (0) | Referencias (0)