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Lazarillo y el ciego

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En la España del siglo XVI, un joven Lázaro aprende de su primer amo, el ciego, que deberá convertirse en un pícaro si quiere sobrevivir. Episodio tras episodio, va perfeccionando las argucias para engañar a su amo. Aquí lo podréis comprobar.

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Lunes, 06 de marzo de 2006

La avaricia rompe el saco (de las manzanas)

Estábamos en frente de la fachada de la clerecía mi amo y yo sentados esperando los primeros rayos de sol de la mañana, cuando de repente, como si un mosquito le picara en su gran narizota, se levantó enérgicamente, mientras chismorreaba algo que me costó entender. Poco después de su penosa explicación averigüé que quería dar un paseo y así fue.
Nada más decirlo le acompañé a dar un pequeño paseo por los alrededores de la catedral vieja. Mientras caminaba, intentaba pensar cómo vengarme una vez más de mi amo, ya que esa noche me la había vuelto a jugar, no dejándome un trozo de manta vieja y maloliente llena de agujeros, como si alguien se hubiera parado a hacerlos, dejándome a mí recostado en el árbol lo más acurrucado posible para resguardarme del viento, que atizaba fuerte las hojas del maldito castaño.
Pues me las tenia que apañar para fastidiarle. Finalmente, mi amo, cansado de andar, me propuso sentarnos. Entonces lo llevé debajo de un manzano resguardándonos del ardiente sol de mediodia que nos atizaba con sus rayos en el cogote dejándonos medio alelados.
Estábamos cansados y los dos nos estiramos para poder dar una cabezadita. A punto de dormirme miré arriba y vi un montón de manzanas rojas relucientes que pedían ser comidas. Miré al ciego y vi que estaba en un estado de sueño profundo dándome a mí la oportunidad de trepar por las ramas en busca de las manzanas. Ya llevaba cuatro entre mis manos y (como dice el refrán la avaricia rompe el saco) al intentar coger otra más perdí el equilibrio cayéndome encima del ciego con las manzanas, despertándolo quien, como era de esperar, se levantó con un genio de mil demonios y acabó golpeándome como siempre hace en estas situaciones en las que me veo envuelto.


IES CAN PUIG
MARTA Y IRINA

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Es verdad que el pobre Lázaro siempre acaba mal sus historias con el ciego. Muy bien, chicas.

Carme Durán | 06-03-2006 18:28:52

Me ha gustado pero lo de las manzanas entre parentesis en el titulo esta un poco flojo

Casper | 13-03-2006 17:02:17

¿No podria el Lazarillo acabar bien sus historias? Jo! ¡es que siempre acaba mal! Pobrecillo...

SuperStar | 31-01-2007 20:47:32

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