En la España del siglo XVI, un joven Lázaro aprende de su primer amo, el ciego, que deberá convertirse en un pícaro si quiere sobrevivir. Episodio tras episodio, va perfeccionando las argucias para engañar a su amo. Aquí lo podréis comprobar.
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Lunes, 06 de marzo de 2006
Todo empezó en la iglesia de San Martín un día como otro cualquiera en el que yo le cambiaba las blancas, por medias blancas. Ese día el ciego había ganado mucho dinero y de esa manera yo también.
Al llegar el atardecer nos dirigimos hacia el puente romano y por el camino el malvado ciego me dijo con tono de burla:
- ¡Esta noche cenaré muy bien, he ganado mucho!
Que hijo de puta es este ciego, pensé yo. Porque sabía que a mí no me daría más que sobras raquíticas.
Cuando llegamos al puente romano, pasando por delante del toro, el ciego se tropezó y se le cayó la bolsa donde guardaba todas sus blancas al río, maldijo a toda mi familia por no haberle avisado de que había baches en el camino. Esta vez no lo había hecho a propósito, ya que si el ciego se quedaba sin blancas yo no comía nada.
El ciego me dijo:
-Lázaro, tírate al agua a por las blancas y te daré un cuarto de mi cena, pero sino las recuperas no comerás hasta que yo lo decida.
Yo desesperado me tiré al agua en busca de las blancas, pero lo que yo no sabía era que el ciego había tirado a propósito la bolsa de las blancas, estuve un buen rato buscando la bolsa, hasta que la encontré, pero vacía, creí que las blancas se habían salido de la bolsa y, temiendo a las amenazas del ciego cogí mis blancas previamente robadas y las introduje en la bolsa. Así que salí del agua diciendo que las había encontrado. Se las entregué y al segundo me dio tal garrotazo que me dejó atontado y entre risas me dijo:
-Tonto, la bolsa que tiré no tenía más que piedras, lo hice para que me entregaras las blancas que me habías robado en la iglesia, tienes mucho que aprender Lázaro y te pasarás una semana sin comer.
Nicolas Olivera Marino
Jordi Ayala Poveda
Albert Moliner Romera
Por: Carmen Durán | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Edgar | 06-03-2006 16:50:28
Marta y Irina | 06-03-2006 17:10:53
Es una historia estupenda, digna del mismo Lazarillo. Está claro que podríais ser unos pícaros magníficos. ¡Enhorabuena!
Carme Durán | 06-03-2006 18:20:33
Luis cantalapiedra | 13-03-2006 16:54:28