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Lazarillo y el ciego

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En la España del siglo XVI, un joven Lázaro aprende de su primer amo, el ciego, que deberá convertirse en un pícaro si quiere sobrevivir. Episodio tras episodio, va perfeccionando las argucias para engañar a su amo. Aquí lo podréis comprobar.

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Lunes, 06 de marzo de 2006

Las dos palizas

Tras la burla del nabo, fui mas cuidadoso a la hora de coger-le la comida al viejo. Pero una vez, la garganta pudo mas que mi ingenio.
Ese día, estábamos en frente de la Casa de las Conchas, pidiendo limosna, como muchas otras veces. Estuvimos muchas horas ahí, y yo estaba mas sediento que nunca, por suerte, el también se canso y me mando por vino a la taberna mas cercana que encontrase, me dio un maradeví y me fui.
No me costo mucho tiempo encontrar una taberna. Entré, llene mi jarra de vino y me fui de vuelta a la Casa de las Conchas. Al salir de la taberna, me senté a reposar las piernas y como no había ninguna fuente cercana, no pude resistir la tentación y me bebí toda la jarra de un solo trago, tenia un sabor riquísimo. Pero me acordé del viejo. El estaba esperando el vino que yo me acababa de beber y empecé a pensar en la paliza que me daría cuando me viera con la jarra vacía, y me fui andando, sin rumbo fijo. Cuando iba por la calle de la Universidad vi a un par de frailes entrar en un callejón entonces se me ocurrió una idea. Si me colaba en la iglesia podría coger algo de vino para el viejo, así que los seguí.
Pasaron unos minutos, hasta llegar detrás de la gran iglesia de San Esteban, ellos entraron por una puerta trasera, y yo escurridizo, detrás de ellos. No paso mucho hasta que encontré la sacristía, donde estaba el vino. Entré y llené mi jarra, procure ser silencioso, pero al salir de la habitación, tuve la mala suerte de encontrarme con uno de los frailes de antes, me dio tal paliza que aún cuando pienso en ella me duele el cuerpo. Regrese al sitio estaba esperándome el viejo. Al llegar, vi que estaba bastante enfadado.
-¿Dónde demonios has estado?- me preguntó.
-He ido como vos me mandasteis, en busca de vino, pero de camino, me tope con unos hombres en un callejón, que me robaron la jarra y me dieron una paliza-.
El viejo, puso sus manos sobre mi cara para examinar las heridas y para ver su gravedad. Pero de repente empezó a apretar-me la cabeza, y cuando creía que iba a estallar, me soltó y caí al suelo.
-Mientes- dijo- desde la taberna más cercana hasta aquí no hay callejón alguno, y una de las heridas de tu rostro, a sido provocada por un latigazo de un tipo de cuerda que solo confeccionan los monjes de la iglesia de San Esteban. Para que un sirviente de Dios de tal paliza, hay que darle una buena razón-.
Acto seguido, me dio un par de patadas en la barriga y me quedé lamentándome en el suelo. Como puede ver Vuestra Merced, la astucia y el conocimiento del ciego no tenía limites, y por eso, en esta desdicha recibí dos palizas

IES CAN PUIG
CLAUDIA FIGUERAS NOY
PAU GARCIA I FORMATGER

Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Nos a gustado mucho esta muy bien explicada y trabajada.

Marta y Irina | 06-03-2006 17:22:39

Muy original el tema de la doble paliza. Habéis captado muy bien el estilo de la novela.

Carme Durán | 09-03-2006 15:09:59

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